domingo, 31 de diciembre de 2017

EL DEPORTE INCLUSIVO


 Esta modalidad consiste en practicar un deporte entre personas con y sin discapacidad. De entre las diversas formas de realizar ejercicio, ésta es altamente recomendable, no sólo por el bienestar físico y mental que conlleva, sino porque además consigue mejorar la calidad de vida y la inclusión social a través de una práctica común: el deporte.

CUANDO GANAR ES PERDER


"Fomentar la competitividad desde pequeños es coherente con el modo de vida actual, pero se aleja de la verdadera finalidad del deporte de base. Movidos por el ego personal de padres y entrenadores, y con el cobijo del sistema, los niños y las niñas crecen en un ambiente fuertemente competitivo, donde se premia a los más preparados y se castiga a los débiles, mientras que lo...s valores se convierten en una piel postiza. 'Cuando ganar es perder' es una crítica a la victoria como fin principal, y un manual de consulta para que todas aquellas personas que les gusten y trabajen en el deporte base reflexionen sobre sus conductas y tengan herramientas para hacerlo más formativo. No se apuren si no están de acuerdo con lo que leerán. El fútbol en particular y el deporte en general no es una cuestión de vida o muerte. Pero sí es una oportunidad para formar a mejores personas y a mejores deportistas".

DEPORTIVIDAD Y RESPETO AL RIVAL

La deportividad es fundamentalmente el respeto a las reglas del juego. Pero también incluye conceptos tan nobles como amistad, respeto al adversario y espíritu deportivo. Deportividad es, además de un comporta­miento, un modo de pensar y una actitud vital favorable a la lucha contra la trampa y el engaño.
La deportividad es una concepción del deporte que trasciende del puro cumplimiento de las reglas deporti­vas para situarse en un entorno de respeto, caballerosi­dad y consideración del adversario, superando posicio­nes dictatoriales en favor de una serie de comporta­mientos que tengan el sello propio de quienes aceptan el compromiso de ser deportivos.
El deporte como herramienta educativa, es capaz de promover la práctica habitual de una educación en valores a toda la sociedad en su conjunto, a través de las buenas prácticas y ejemplos positivos. Representa una magnífica preparación para la vida, ya que es capaz de potenciar los valores
humanos más nobles, ofreciendo la posibilidad de redescubrir la confianza en uno mismo, el trabajo en equipo, la superación personal, el valor del esfuerzo, la disciplina, el espíritu de excelencia y otras muchas virtudes extrapolables a la vida diaria. Es decir, cualquier programa de educación en valores dirigido al Sistema Educativo se debería tratar como una materia transversal con la que se efectúen
transferencias del deporte a la vida diaria.
Los programas con la intención de educar en valores a través de la actividad física y el deporte se plantean algunas reflexiones y recomendaciones, basadas en la experiencia, para facilitar la creación de
programas que pretendan ser desarrollados en los centros educativos. La creación de estos proyectos educativo-deportivos debe constituir un recurso didáctico para el profesorado con el fin de fomentar
valores como el respeto, la convivencia, el trabajo en equipo, el espíritu deportivo y la superación personal a través de los contenidos del área de Educación Física con el objetivo de transferirlos a todos
los ámbitos de la vida. De este modo, se profundizará en la Educación en Valores, reforzando el currículo formativo del alumnado de cualquier lugar con los principios que inspira el juego limpio en el deporte.
Los entrenadores como educadores deportivos tendrían que ser los que fomenten estos valores, apoyados por los padres, actuando de la manera correcta para ser el modelo a seguir de sus alumnos, el respeto y compañerismo deberían primar por encima de cualquier resultado o medalla.
 

COMPAÑERISMO Y DEPORTE

El compañerismo es un vínculo que se establece entre las personas que hacen cosas juntas. Implica confiar en el resto de compañeros como parte integrante de nuestro grupo. Un compañero es aquella persona que comparte vivencias, situaciones, sentimientos y actitudes con nosotros.
El compañerismo es un valor imprescindible para el desarrollo personal. La amistad implica compañerismo. Debemos defender a nuestros amigos y preocuparnos por ellos. Así que amigo también es aquel que se preocupa por nosotros de manera desinteresada y constante.
El compañerismo nos une con otras personas por el simple hecho de compartir cosas con ellas. No es necesario tener lazos familiares, porque la amistad crea sus propios lazos. El deporte es un claro ejemplo de lo que es trabajar en equipo para lograr un mismo fin: divertirse.

El ambiente deportivo está caracterizado por importantes muestras de ayuda y cooperación, siendo uno de los escenarios que rezuman compañerismo por los cuatro costados. Y es que, cuando hacemos deporte se despiertan y potencian muchos de nuestros instintos más positivos, y entre ellos, el de ayudar tanto a los compañeros como a los propios rivales.

EL YA Y AHORA EN EL DEPORTE BASE


 Como estamos en la cultura del “ya”, no hay paciencia para formar primero en fundamentos para conseguir los resultados más tarde ya que será en edades más tardías donde efectivamente jugar bien será sinónimo de victoria.

Un virus llamado ganar
La estructura que conforma los juegos deportivos (fútbol, baloncesto, etc.), o deportes individual, son sus reglas, que lo dotan de las pautas organizativas para poderse practicar; y la finalidad del juego que proporciona su sentido. Dicha finalidad es vencer al equipo rival.

Centrándonos en el ámbito de la práctica deportiva en edades tempranas (hasta cadetes), observando la competición, la finalidad del juego de vencer al rival se ha convertido en un verdadero virus por los efectos tan nocivos que provoca en los niños, entrenadores y padres.

En referencia a padres y entrenadores, para ellos la prioridad es ganar, obviando por completo lo verdaderamente importante en esta etapa de formación que es si se juega bien o lo que es lo mismo, si se manifiesta de forma correcta los fundamentos técnicos y tácticos independientemente del resultado. Infinidad de conductas realizadas por entrenadores demuestran esta afirmación como son por ejemplo que los niños tras mucho tiempo siguen sin manifestar ningún fundamento así como otro ejemplo de conducta, el niño no tan hábil apenas participa en competición. Cito lo que ha tenido que hacer un organismo como es una federación, en concreto la de baloncesto, porque ha observado el grave problema de que no todos los niños juegan por lo que ha impuesto que todos los jugadores de un equipo deben jugar obligatoriamente dos de los cuatro cuartos que componen un partido. Es lamentable que un organismo no educativo se ocupe de la formación de los niños y no el verdadero agente encargado de la formación como son los entrenadores quien haya tomado medidas ante tal aberración en edades de formación.

El planteamiento elegido equivocadamente para esta etapa de formación es el de otra etapa, la de rendimiento, donde lo que prevalece es primero ganar y luego todo lo demás. Debería ser todo lo contrario, primero aprender a saber jugar bien y luego ganar, pero por desgracia en esta etapa intentarlo no es sinónimo de victoria por el alto índice de riesgo que tiene intentar hacer las cosas bien y es ese el motivo, al prevalecer primero el hecho de ganar y no la formación en fundamentos, que hace que el planteamiento no sea el que debería ser. Como estamos en la cultura del “ya”, no hay paciencia para formar primero en fundamentos para conseguir los resultados más tarde ya que será en edades más tardías donde efectivamente jugar bien será sinónimo de victoria. El problema será entonces ahí cuando se deberá ganar y entonces no poder ser por la no manifestación durante el juego de un aprendizaje al no haberse adquirido en su momento que no es otro que en edades tempranas y ahí el planteamiento equivocado era el de ganar en vez del aprendizaje.

Referente a los efectos nocivos del virus ganar en niños, se extiende al ámbito formativo y concretamente a aspectos muy importantes como son el aprendizaje técnico – táctico así como a la adquisición de valores – actitudes.

Analizando la influencia de este virus sobre el aprendizaje técnico – táctico, observando la competición, me alerta que la mayoría de los jóvenes no saben jugar a ese deporte en lo que respecta a la toma de decisiones durante el juego porque la mayoría son erróneas o no existen (juegan sin pensar) producto de la tensión que ocasiona tener que vencer como sea. Quizás si el niño se preocupase y se esforzase más por si he jugado bien en vez de si he ganado o perdido no tendrían tanta tensión y quizás también manifestarían aquello que se ha aprendido aunque ello ocasione riesgos de cara a la victoria. Además si el entrenador incentivase jugar bien, el clima de tensión percibido por el niño sería otro y no tendría tanto miedo al error.

Analizando la influencia del virus sobre el aprendizaje de valores, observando la competición, en muchas ocasiones se observan conductas poco deportivas y éticas y no son más que derivadas del ganar a toda costa. Un ejemplo muy extendido es la protesta al árbitro por cualquier decisión. Si ganar no fuese prioritario para jugadores y entrenadores se asumirían sus errores sin más importancia sin tener que protestar. Además un efecto colateral de la no adquisición de determinados valores es que ciega a entrenadores y jugadores en cuanto a su progresión del aprendizaje. Ambos siempre atribuyen la derrota a decisiones arbitrales y nunca a su propia manifestación de su habilidad lo cual permite que nunca se corrija los defectos ni se siga aprendiendo.

Por tanto a modo de conclusión, debido al efecto nocivo del virus de ganar en edades tempranas, se debería manipular y desviar la prioridad que se le da a este hecho convirtiéndolo no en un fin (como pasa actualmente) sino simplemente tratarse como una parte del juego sin mayor importancia. Dicho cambio está principalmente en poder de entrenadores siendo los padres otro agente en el proceso educativo – formativo del niño que también puede ayudar. Lamentablemente, esta cuestión está sin solucionar ni creo que haya esperanza porque los agentes educadores que pueden hacerlo, en una mayoría no están por la labor.

LA INICIACIÓN A LA PRÁCTICA DEL DEPORTE ADAPTADO

 
En el ámbito del deporte ordinario, la iniciación se produce fundamentalmente en edades tempranas, ya que se pretende la detección de talentos que en un futuro garanticen un máximo rendimiento deportivo, o bien la instauración del hábito de la práctica, como un elemento más de la calidad de vida de la persona. Sin embargo,
en las personas con discapacidad no siempre es así, ya que sería necesario atender al momento de aparición de la lesión. Así, cuando la alteración se manifiesta desde el nacimiento, en mayor o menor medida, condiciona el desarrollo del niño, tanto a nivel motor, socio-afectivo o bien intelectual, estando estas esferas totalmente interaccionadas. En este caso, el deporte no sería una finalidad en sí misma, sino que debería ser entendido como un medio más para favorecer su educación. Para ello sería necesario que se tomasen una serie de medidas, que favoreciesen la participación o la adecuada atención de estos alumnos en las sesiones de educación física. Sin salir del ámbito escolar, habría que prestar especial atención al deporte escolar, ya que actualmente, la participación de alumnos con necesidades especiales es prácticamente testimonial, pues actualmente en muy pocas ocasiones los responsables organizativos, contemplan su participación.
Sería necesario establecer diferentes posibilidades de intervención en función
de intereses y características de los chicos (Ríos, Ruiz, 2000).
Cuando la lesión aparece en edad adulta, la persona suele ver modificada sus condiciones de vida de forma más o menos importante en un corto espacio de tiempo. Esto supone la necesidad de readaptarse a las nuevas condiciones, hasta alcanzar ciertos niveles de independencia y autonomía. Sin embargo, sería un error considerar que en la primera fase tras la lesión, todos aquellos que tienen una discapacidad, practican deporte con una orientación específicamente terapéutica.
En un elevado porcentaje de ocasiones, el motivo principal habría que buscarlo en el placer que pueda producir la propia actividad “per se”, independientemente de que puedan derivarse ciertos beneficios relacionados con la readaptación motriz.
 
FASES DE LA INICIACIÓN
FASE 1
-Competiciones paralelas.
En las competiciones escolares de manera simultánea, se realizarían unas específicas para los alumnos con discapacidad.
-Jornadas recreativas.
Participación conjunta de alumnos con y sin discapacidad en jornadas de deporte recreativo.
FASE 2
- Deportes unificados.
En el calendario de competiciones escolares se introducirían deportes que, por su estructura y reglamento, permitiesen la participación conjunta de alumnos
con y sin discapacidad (boccia, baloncesto en silla de ruedas, goalball u otros), como si se tratase de otras modalidades deportivas.

viernes, 11 de marzo de 2016

DEPORTE INFANTIL: NO TODO VALE PARA GANAR

El deporte infantil de formación parece que está tendiendo peligrosamente hacía una “profesionalización” excesiva con unos niveles de exigencia que muchas veces no están acorde con la edad de los jóvenes jugadores. Y todo para ganar.
El exceso de competitividad desde cada vez más temprana edad lleva a ver escenas que provocan vergüenza ajena. Padres vociferando en la grada contra el árbitro que en la mayoría de los casos es un chaval que también está aprendiendo y cuyo interés más allá de ganarse unos euros para sus gastos cotidianos consiste en intentar hacerlo bien. Y lo peor es la ansiedad que esos excesos competitivos suponen para los jóvenes jugadores, con unas exigencias que no se entienden ni en aras de descubrir al nuevo niño prodigio del deporte.
Algunos padres no sólo creen que su hijo es el mejor sino que casi hacen cábalas sobre la futura carrera profesional de sus vástagos como si esa fuera la esencia del deporte infantil sin entender que el objetivo en la base debe ser afianzar valores que además de en el deporte tengan sentido para la futura vida de esos jóvenes: el respeto por compañeros y adversarios, el trabajo en equipo, tomar el esfuerzo y concentración como las bases de la mejora deportiva y personal, aceptar y comprender la existencia de unas reglas del juego, inculcar la actividad deportiva como parte de una vida saludable, y muchos más.
También tenemos a entrenadores que tomando que tratan de poner en practica con sus equipos de formación aquello que ven por la tele cada fin de semana como si sus jugadores tuvieran las habilidades de esos grandes atletas que nos deleitan cada día por las canchas de todo el mundo. Así se podrá ver como jóvenes que todavía están aprendiendo y apenas han adquirido los conocimientos técnicos y tácticos realizando una tarea que se les escapa de sus posibilidades.
Por supuesto, los jóvenes no tienen culpa, y ésta corresponde a padres y sobre todo entrenadores que sólo se preocupan de sí mismos pensando que ganando se convertirán en entrenadores de éxito, teniéndose en cuenta sólo el presente y no el futuro deportivo y personal de esos jóvenes.